egipto.com ofertas viaje egipto egipto.com
Home Foro Egiptoman�a Chat Foro antes de viajar Gu�a de Egipto ofertas de Viajes a Egipto. �ltimo Minuto
Web egipto.com   







Karl Richard Lepsius
(1810 – 1884)

Se trata de uno de los grandes nombres de la egiptología. Filólogo, con treinta y dos años consiguió un puesto como profesor supernumerario en Berlín, y, al año siguiente, fue el elegido para dirigir la más ambiciosa expedición arqueológica a Egipto. Es este el caso de un investigador muy preparado, con una formación académica completa, que contaría con algo de los que habían carecido sus predecesores: tiempo, ni más ni menos. La expedición se organizó partiendo de la idea de que su duración no sería inferior a ¡tres años!

El gran viajero Alexander von Humboldt había logrado convencer al rey Federico Guillermo I de Prusia para que concediera los medios necesarios para organizar una expedición en toda regla para mayor gloria de la entonces poderosa y docta Prusia. Como nuestro Alfonso X, este monarca fue más beneficioso para la historia y el patrimonio cultural de su país que para los anales de las hazañas guerreras; eran más hombres de proyectos que de resultados.

Las investigaciones actuales dedican un tiempo mayor a un solo yacimiento, pero en la época, tres años para recorrer Egipto a sus anchas era algo insólito. El concepto del tiempo es algo extremadamente relativo, en este caso a la urgencia con la que se utilice. Sus predecesores habían apurado el tiempo en expediciones apresuradas, con intensísimas jornadas de trabajo. El apremio que sintió la de Lepsius fue menor, lo que facilitó el trabajo sistemático y constante, sin una exigencia física tan absorbente; en este sentido, podemos decir familiarmente que fue menos heroica, menos latina, más germánica, valiéndonos de tópicos que, en este caso, se revelan como ciertos. Las salas del Museo Egipcio de Berlín se han abastecido, principalmente, de los tesoros que recogió Lepsius en esta expedición.

Sus primeros éxitos dieron lugar al descubrimiento del Imperio Antiguo en muchos de sus principales monumentos. Encontró huellas de treinta pirámides desconocidas y descubrió las mastabas, cámaras mortuorias en forma de diván. Sería también el primero en efectuar mediciones en el famoso Valle de los Reyes. Pero su mayor aportación fue la de acometer la empresa de establecer una cronología del Antiguo Egipto. Editó, en doce tomos, Monumentos de Egipto y Etiopía, aunque su puesto de honor se lo debe a Cronología de Egipto, de 1849 y El libro de los reyes egipcios, 1850. La egiptología, además, le debe su reivindicación del sistema de Champollion, cuya exactitud estableció Lepsius basándose en el hallazgo del decreto de Canopo, como queda dicho.

El problema de partida estribaba en que los egipcios carecían de una verdadera Historia que recogiese el devenir temporal de su existencia como reino, y mucho menos de una cronología. Había, eso sí, narraciones incompletas, crónicas y anales de más que dudosa exactitud, como señalaban a menudo los investigadores de la época. Es algo que desconcertará a quien recuerde que el primer calendario de cierta exactitud que se aplicó en la antigüedad fue el egipcio, nacido de la periodicidad de las crecidas del Nilo, y que sirvió como base para el romano, que se mantuvo hasta el siglo XVI de nuestra era. Pero nuestra perspectiva histórica es diferente a la de un pueblo que vivía para el Más Allá hasta extremos que hoy no podemos asimilar. La historia no les interesaba demasiado, sino más bien los hitos históricos.

La cronología de Lepsius fue un gran instrumento, pero tuvo la asistencia inestimable de matemáticos y astrónomos. Los arqueólogos les facilitaron toda la información de que disponían, extraída de documentos de la más variada índole, desde inscripciones en piedra a papiros extraídos del relleno de los cuerpos momificados. Desecharon el empleo del calendario egipcio, que se reveló insuficiente, y emplearon las indicaciones astronómicas como datos más fiables, concretamente los relativos a la salida de Sirio, que fueron la clave para fijar el comienzo de la XVIII en el año 1580 a. C. y el de la XII en el 2000 a. C. (el margen de error estimado está en tres o cuatro años). Con estos datos absolutamente fiables, se pudo establecer una cronología en la que se basan los estudios actuales sobre la Historia del Antiguo Egipto.

Para terminar, vamos a reflejar una anécdota de aquella expedición, en un intento de contrapesar la impresión de extrema eficiencia germánica anterior. El día en que se conmemoraba el aniversario de su rey, toda la expedición decidió celebrarlo ¡escalando la Gran Pirámide! Unos treinta beduinos les ayudaron, o, más bien, los izaron con sus poderosos brazos hasta la cima, donde plantaron una bandera prusiana y entonaron encendidos vítores a su rey y mecenas. El acto fue emotivo y sincero como lo era su dedicación a la labor que les había sido encomendada, por lo que nos parecería injusto no corresponder reflejándolo aquí como índice de la humanidad y entusiasmo que guió aquella expedición.

Publicidad