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AKHENATON Y EL MUNDO DE TELL-AMARNA



AMON Y EL TEMPLO DE KARNAC EN TEBAS
El momento en que Akhenatón llegó al poder, como el faraón Amenofis IV, no podía ser más próspero, reina el equilibrio tanto en los territorios externos (posesiones egipcias en Siria, Palestina y control sobre el sur nubio) como en el interior del país. Como veremos a continuación, este período de esplendor fue fruto de largas luchas.
La dinastía XVIII se inició tras un hecho muy significativo en la historia de Egipto, nos referimos a la expulsión de los hicsos, pueblo de origen asiático que se instaló en el Bajo Egipto durante un siglo aproximadamente. La expulsión de los extranjeros, como eran considerados por los egipcios, se produjo gracias a las enérgicas campañas emprendidas por Ahmose (1550-1525 a.C). Durante este conflicto el dios Amón fue símbolo de la victoria. Tras el reinado de Ahmose el templo de Karnac, consagrado al dios Amón, se vio abocado a una revitalización de enormes proporciones, adquiriendo una gran fuerza como centro espiritual, la clase sacerdotal allí instalada jugará, a partir de ahora, un importante papel político. Como ejemplo del poder que llegarán a asumir los sacerdotes de Karnac podemos citar la legitimación del poder de Tutmosis III (1479-1425 a.C) y la reina Hatshepsut (1473-1458 a.C) que fue otorgada por Amón a través de la intervención de sus sacerdotes. Karnac se convirtió de esta manera en un elemento de poder al que en el futuro se enfrentará la monarquía egipcia.

Tras el reinado de Hatshepsut el templo de Amón empezó a amenazar la independencia de la monarquía. Debemos remontarnos al reinado de Amenofis II (1427-1401 a.C) para comprender el alcance de los recelos con que los faraones anteriores a Akhenatón contemplaron la influencia política de Karnac. Amenofis II comprendió el peligro que representaba la omnipotencia de Amón, se estrategia para contrarrestar el gran potencial de Karnac fue infundir un nuevo esplendor a Heliópolis, uno de los centros espirituales más antiguos del Egipto. Tutmosis IV (1401-1391) sucede a Amenofis II, su reinado marca una revitalización del interés por el culto solar. Tutmosis venerará al dios solar tanto en Heliópolis como en Giza, incluso en Karnac levanta un obelisco en honor al dios solar, será en este momento cuando se recupere la representación del dios sol a través de la imagen de Atón, es decir, el disco solar (símbolo de la energía de Ra), a pesar de todas estas iniciativas la divinidad principal en Egipto sigue siendo Amón-Ra.

Las ventajas que proporcionaba el culto solar a la monarquía eran indudables: sencillez teológica, universalidad de la religión egipcia que era mejor aceptada en las tierras conquistadas. Sin embargo, lo que persiguieron estos faraones fue lograr un equilibrio entre los diferentes cultos y evitar así la supremacía de la que hacia gala la clase sacerdotal tebana.

La lucha por contrarrestar el poder de Karnac sería larga y culminó con el nuevo orden religioso impulsado por Akhenatón, aunque como veremos el restablecimiento de un poder absoluto sostenido por el faraón no fue la única motivación que los historiadores atribuyen a Akhenatón para explicar el giro histórico que propició durante su reinado.

Debemos hablar ahora de Amenofis III, padre del futuro "faraón hereje". Su actuación política y la actitud de aquellos que le rodearon explica en gran medida la evolución.

Amenofis III (1391-1353 a.C) sorprende por varias razones, en primer lugar tenemos que destacar su decisión de convertir a una mujer que no poseía sangre real en reina de Egipto, las razones de esta decisión la retomaremos más adelante. Otro aspecto destacable es el carácter pacífico que imprimió a su reinado, Amenofis prefirió en muchas ocasiones optar por la vía diplomática antes de entrar en conflicto con reinos que habían sido tradicionalmente enemigos de Egipto, este es el caso de los hititas con los que el faraón firmó un acuerdo que aseguraba la paz entre las dos potencias, algunos autores opinan que esta actitud pudo suponer el comienzo de la decadencia de la política exterior egipcia que hasta entonces y desde el inicio del Imperio Nuevo fue muy agresiva. Es indudable que la actuación de Amenofis III influyó en su joven hijo, aunque no estaba destinado a ocupar el trono pudo asimilar profundamente la experiencia política de su padre; en este sentido, y como veremos más adelante, la pasividad de Akhenatón en política exterior propició que Egipto perdiera la hegemonía que ejerció en Oriente Medio.

Un aspecto que debemos analizar es la forma en que Amenofis III combatió la influencia que la clase sacerdotal tebana tenia sobre el panorama político y económico en Egipto. Los monarcas anteriores habían conseguido mantener el poder de Karnac bajo control, pero no dejaba de representar una amenaza para el poder absoluto que debía ostentar el faraón. El alejamiento de Amenofis III con respecto al dios Amón se manifiesta en algunas de las importantes iniciativas constructivas que puso en marcha, podemos mencionar como significativas la construcción del gran templo de Luxor, cuya intención pudo ser resaltar el papel indiscutible que el faraón debía ocupar entre las divinidades, así lo sugiere la magnífica escultura en cuarcita roja que representaba al faraón bajo la apariencia de Ra-Atón. Otro ejemplo es la construcción de la residencia palaciega del faraón, nos referimos al palacio de Malgata que fue edificado significativamente en la orilla opuesta al templo de Karnac.

Nos parece oportuno dedicarle ahora una líneas a la reina Tiye, madre de Akhenatón. La opinión generalizada la señalan como miembro de una familia procedente del norte de Egipto que ocupaba una posición notable, aunque no pertenecía a la estirpe real, este hecho debe ser destacado ya que Tiye no solamente tendrá un importante papel en la vida política durante el reinado de Amenofis III y posteriormente en de Akhenatón sino que su origen y condición social de Tiye pudieron ser fundamentales en la educación de Akhenatón que en principio no era el príncipe elegido para suceder al faraón y se le pudo orientar más hacia aspectos espirituales, la inclinación de la reina y su familia es un aspecto más a considerar en la revolución religiosa llevada a cabo por Akhenatón; el culto solar estaba arraigado en el Norte, donde Heliópolis seguía considerándose como un importante núcleo religioso, y mantenía una abierta rivalidad con Tebas que había contribuido a la decadencia de heliopolitana durante el Imperio Nuevo.

Como hemos visto las circustancias personales de Akhenatón y el panorama político en el momento que inició su reinado contribuyeron a que se produjera el paréntesis conocido como período amárnico.
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